Museo Histórico Policial Chile

Preservando el Patrimonio Histórico de la Policía Investigadora de Chile

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La animita de «Romualdito», ubicada en la intersección de la calle San Borja con la Avenida Bernardo O’Higgins en la comuna de Estación Central, constituye una de las manifestaciones de religiosidad popular más emblemáticas de Santiago de Chile. Durante más de siete décadas, la identidad de la persona detrás del muro permaneció oculta bajo un tupido entramado de mitos y leyendas urbanas.

La mañana del 18 de noviembre de 1981, una tripulación policial que se preparaba para realizar labores de escolta fue atacada mientras permanecía en calle Eliodoro Yáñez, en Providencia. El inspector Héctor Hugo Henríquez Aliste, el detective Ricardo Antonio Reyes Urra y el conductor policial Sergio Leonel Osben Cuevas fallecieron a consecuencia de las graves heridas sufridas en la emboscada.

Tras años dedicados a la investigación policial, un grupo de detectives de la Región de Valparaíso encontró en la escritura otra forma de contar lo vivido. Desde su creación en 2010, Literatis ha dado espacio a obras que combinan memoria, reflexión e imaginación, y acercan al público una mirada personal sobre el oficio de investigar.

El agente 3.º Juvenal Letelier patrullaba Playa Ancha junto al carabinero Rosario Barrientos cuando ambos fueron atacados al intervenir en un hecho delictivo. Su muerte lo convirtió en el primer mártir de la Policía de Investigaciones. Décadas después, una nueva investigación intenta resolver una pregunta pendiente: ¿dónde descansan sus restos?

El 11 de septiembre de 1973, 17 funcionarios del entonces Servicio de Investigaciones permanecieron en el Palacio de La Moneda junto al Presidente Salvador Allende. Décadas después, una investigación del Museo Histórico Policial permitió reunir sus identidades y rendir reconocimiento a quienes cumplieron aquella jornada como integrantes del servicio de seguridad presidencial. La existencia del grupo y sus nombres también están documentados en publicaciones históricas de la propia Policía de Investigaciones.

Yuriko Nakada Aguayo, Paola Urrucelqui Duarte, Camila Silva Segura y Tamara San Martín Cortés forman parte de la historia femenina de la aviación en la Policía de Investigaciones. Sus trayectorias representan distintas generaciones de mujeres que encontraron en el vuelo una nueva forma de servir, abriendo espacios y asumiendo funciones de alta especialización dentro de la Brigada Aeropolicial.

Preservar la historia también significa conservar los lugares y testimonios donde esa historia ocurrió. Como parte de su labor de rescate patrimonial, el Museo Histórico Policial ha promovido la instalación de una placa en memoria del subcomisario Franco Collao Ramírez y un memorial dedicado a Anker von Ratty, primer mártir canino de la Policía de Investigaciones. Dos homenajes separados por décadas, pero unidos por el servicio y la memoria.

El prefecto Enrique Cáceres Cerda desarrolló una extensa trayectoria policial vinculada a la protección de altas autoridades del Estado. El Museo Histórico Policial lo recuerda como integrante de la escolta de Gabriel González Videla, Jorge Alessandri Rodríguez y Eduardo Frei Montalva, tres mandatarios de distintas etapas de la historia republicana chilena. Los archivos fotográficos del propio Museo conservan registros de aquella labor silenciosa y altamente especializada.

Pedro Espinoza Valdés, Sergio Oviedo Torres, Juan Morales Espina, Francisco Pantszesca Zuloaga y Omar Vega representan una generación de detectives vinculada a algunas de las unidades especializadas más exigentes del siglo XX. Fotografías, documentos y antiguos registros policiales permiten hoy recuperar sus nombres y parte del trabajo que desarrollaron en distintas áreas de la investigación criminal.

El Parte Policial N.º 1741, fechado el 18 de mayo de 1992 en la 11.ª Comisaría Judicial Las Condes, constituye un testimonio especialmente significativo: fue el último informe realizado y firmado por el detective Juan Barja Flores, quien fallecería cuatro días después, el 22 de mayo, en cumplimiento del deber.

Antes de su muerte en Tiltil, ocurrida el 26 de mayo de 1818, Manuel Rodríguez Erdoíza permaneció detenido en un sector de Santiago que desde tiempos coloniales estuvo relacionado con funciones carcelarias y policiales. Más de cien años después, en ese mismo entorno se levantaría el histórico Cuartel Central de la Policía de Investigaciones.

En los complejos años 70 nació la Guardia Armada Policial, integrada por funcionarios encargados de contribuir a la protección y seguridad de las instalaciones y del personal de la institución. Más de cinco décadas después, el Museo Histórico Policial recuerda a sus fundadores y a las generaciones que continuaron aquella misión.

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