2026
Dos memoriales para preservar la memoria policial
El Museo Histórico Policial impulsando iniciativas patrimoniales para mantener viva la memoria institucional.
Preservar la historia también significa conservar los lugares y testimonios donde esa historia ocurrió. Como parte de su labor de rescate patrimonial, el Museo Histórico Policial ha promovido la instalación de una placa en memoria del subcomisario Franco Collao Ramírez y un memorial dedicado a Anker von Ratty, primer mártir canino de la Policía de Investigaciones. Dos homenajes separados por décadas, pero unidos por el servicio y la memoria.
Franco Collao: una placa en el lugar donde entregó su vida
El 17 de diciembre de 2015, el subcomisario Franco Andrés Collao Ramírez, de 38 años y con 15 años de trayectoria institucional, se encontraba de vacaciones y realizaba compras junto a su familia cuando advirtió un asalto a una juguetería del centro de Santiago. A pesar de estar fuera de servicio, intervino para proteger a quienes se encontraban en el lugar y persiguió a los responsables, recibiendo un disparo mortal durante el enfrentamiento. Años después, la instalación de una placa de mármol en calle Cienfuegos, precisamente en el entorno donde ocurrió su muerte, transforma ese espacio cotidiano de la ciudad en un lugar de recuerdo y reconocimiento permanente.
Anker von Ratty: el primer mártir canino de Investigaciones
El segundo proyecto recupera una historia que se remonta a 1967. Anker von Ratty, pastor alemán perteneciente al Grupo de Adiestramiento y Servicio de Perros Policiales, era especialista en rastreo y búsqueda de cadáveres. El 21 de noviembre de ese año participó junto a su guía en la búsqueda de un niño desaparecido en el Zanjón de La Aguada. Durante el operativo murió electrocutado al entrar en contacto con una instalación eléctrica irregular, aunque su rastreo permitió posteriormente localizar al menor. Fue sepultado con honores en los jardines de la entonces Escuela Técnica de Investigaciones. El memorial levantado en su recuerdo devuelve visibilidad a uno de los capítulos más singulares de la historia policial y reconoce también la contribución de los canes que han acompañado durante décadas el trabajo investigativo.